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Cómo Manejar las Confusiones del Mundo del Trabajo Cotidiano

A uno pueden hacerle creer que hay algo confuso respecto a planear su propia carrera en el mundo laboral. Y la confusión existe para aquel que no esté equipado con guías y mapas.

Básicamente, todo parecía muy sencillo en lo que se refiere a esto que llamamos trabajo y conseguir un empleo. Uno se capacitaba en algún oficio y leía un anuncio o por recomendación de algún amigo se entrevistaba para obtener un empleo. Lo obtenía y después se presentaba todos los días y hacía las tareas asignadas y, conforme pasaba el tiempo, tenía esperanzas de lograr un aumento de sueldo. Y el paso de más tiempo traía consigo la esperanza de una pensión o de un sistema gubernamental que pagara prestaciones en la edad avanzada. Y esa era la sencilla norma.

Pero los tiempos cambian y las normas sencillas tienen el hábito de  deteriorarse. Entran en juego los diversos incidentes y accidentes del destino. Completamente aparte de factores personales, otros puntos de vista más amplios alteran las cosas. El gobierno deja de otorgar suficientes fondos para pensiones al economizar a gran escala.

La empresa para la que uno trabaja queda hecha añicos debido a un periodo de depresión. O nuestra salud nos falla de manera inexplicable y el único recurso que nos queda es la caridad.

El trabajador en su mundo del trabajo cotidiano no es ningún gigante imponente entre sus muchos adversarios. El “camino de oropel[1]” que los “agitadores” describen tan halagadoramente, el gran afecto que siente por el trabajador esta o aquella ideología o personalidad política, no reflejan los hechos. Un hombre que trabaja en un empleo se encara a dificultades bastante grandes para él, no importa lo pequeñas que pudieran parecer a un industrial de éxito. El incremento de unos cuantos puntos porcentuales en los impuestos podría significar que en adelante, deba abstenerse de placeres simples. El que la empresa atraviese tiempos difíciles, podría tener como resultado una disminución de sueldo, y ese sería el fin de cualquier lujo e incluso de algunas necesidades; o del empleo.

Siendo el efecto de corrientes, gobiernos, tendencias empresariales y mercados, todos generalmente más allá de su incumbencia, el trabajador tiene perfecto derecho a creer que su destino no es del todo predecible. De hecho, hasta podría tener derecho a estar confuso.

Un hombre puede morirse de hambre en pocos días. Pocos trabajadores tienen muchos días de margen en sus bolsillos si cambian los vientos. Así, muchas cosas, que no serían un gran problema para quienes están muy seguros, son contempladas como amenazas para el trabajador. Y pueden llegar a ser tantas que toda la vida parece ser demasiado confusa como para soportarla, y uno se hunde en una apatía de rutina diaria, sin mucha esperanza, confiando en que la próxima tormenta, con suerte, pase de largo.

Cuando se observan los numerosos factores que podrían trastornar la vida y minar la seguridad, la impresión es que la “confusión” parece estar bien fundada. Y puede decirse con verdad que todas las dificultades son fundamentalmente confusiones. Si se presenta suficiente amenaza, suficiente desconocimiento, un hombre agacha la cabeza y trata de atravesarlos a ciegas. Las confusiones lo han vencido.

Suficientes problemas no resueltos forman una gigantesca confusión. De vez en cuando, en su empleo, suficientes órdenes contradictorias llevan al trabajador a un estado de confusión. Una planta moderna puede estar dirigida de manera tan deficiente que todo parece ser una vasta confusión para la cual no existe respuesta posible.

La suerte es una respuesta usual a la cual se acude en una confusión. Si las fuerzas que rodean a una persona parecen demasiado grandes, siempre puede “contar  con la suerte”. Por suerte queremos decir “destino no guiado personalmente”. Cuando uno suelta el volante de un automóvil y espera que se mantenga por suerte en la carretera, a menudo queda desilusionado. Y así en la vida. Aquello que se deja a la suerte tiene menos posibilidades de solucionarse por sí solo.

Si uno debe tener suerte para salir de apuros, se deduce que ya no está al control de su propio volante. Y se deduce también que está ante una confusión.

Una confusión puede definirse como “cualquier conjunto de factores o circunstancias que no parecen tener ninguna solución inmediata”.

Más ampliamente:

Una confusión en este universo es movimiento aleatorio



[1] El oropel es una lámina de latón, (o, por extensión, de plástico o de papel, etc.) que imita al oro y produce un efecto brillante o refulgente. En sentido figurado, cosa de poco valor y mucha apariencia. De ahí, un camino de oropel sería un atractivo rumbo para la acción o la conducta, pero en realidad de poco valor o provecho.

 

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